Crónica y reflexiones del 22 M

EDITORIAL 27-3-2014 de la publicación anarcosindicalista "La Campana"

El 22 de Marzo cientos de miles de personas nos manifestamos por las calles de Madrid en contra de la política económica y social que el gobierno viene ejerciendo contra la clase trabajadora y el conjunto de la sociedad. Decenas de miles de los que allí estábamos procedíamos desde muy diferentes puntos de España, como los integrantes de la Marcha gallega en los Trenes Da Dignidade, con origen en Coruña-Santiago y Pontevedra-Vigo, y los 7 autobuses Da Dignidade, que salieron de distintas ciudades de Galicia hacia Madrid el mismo día 22 de madrugada. Entre ellos nos encontrábamos varios miembros de la Asamblea Libertaria de La Campana, que fuimos testigos y partícipes de lo expresado en este editorial.

Las Marchas de la Dignidad fueron convocadas y organizadas por varios sindicatos (unos de ámbito estatal, entre ellos la anarcosindicalista CGT, otros de ámbitos territoriales concretos, otros sectoriales y/o gremiales) y multitud de organizaciones y colectivos del movimiento social reivindicativo e incluso grupos, uniones y partidos políticos del ámbito de la izquierda. En todo caso, los convocantes nada tienen que ver con los grandes aparatos políticos del estado o las autonomías ni tampoco con el sindicalismo institucional de CC OO y UGT (y en el caso de Galicia, de la CIG), que durante meses y semanas hicieron todo lo posible por desactivar la movilización y, cuando ya todo anunciaba la magnitud impresionante que alcanzaría la manifestación de Madrid, a última hora, se descolgaron con un vergonzoso comunicado de ‘apoyo’, firmado por una inoperante y lánguida Cumbre Social Estatal en la que esas organizaciones ocupan un lugar central.

CGT 22M 2014

Tanto la participación de cientos de miles de personas (según los medios de comunicación extranjeros, superior al millón o millón y medio de manifestantes) en los actos del 22 M en Madrid, como el carácter de los lemas proclamados y más coreados por la multitud, ilustran a la perfección que la mayoría de los que allí estábamos, no comulgamos con que los Parlamentos y la clase política representan a la ciudadanía, ni con que las burocracias sindicales ‘mayoritarias’ representan ya a la clase trabajadora, ni que las instituciones del Estado representan los valores de la dignidad social.

Ante la evidencia de estos hechos y sentires, no es de extrañar que hubiera muchos -por más que de diferente pelaje, aunque todos agrupados en el mismo espectro del entreguismo y complicidad con el régimen capitalista y jerárquico estatal- interesados en falsear, protagonizar, desmentir, esconder, usurpar, secuestrar … (pónganse el adjetivo que cada cual considere más idóneo) la clamorosa voz del 22M. Y que no pocos de estos defensores del régimen de injusticia actual, se pusieran nerviosos porque se acercaba la hora de los telediarios de la noche y el cierre de crónicas de los periódicos del 23M sin que “un millón de extremistas y delincuentes” todavía no hubiesen ofrecido ni una sola excusa para la criminalización del movimiento, que ya tenían escrita y programada de antemano. Fue en este contexto que tuvieron lugar los sucesos de la Plaza de Colón, justo cuando en ella todavía permanecían unos pocos miles de personas, escuchando tranquilamente el himno de la alegría de Beethoven, que salía por los altavoces.

Hoy sabemos que todo fue una provocación de la policía, organizada desde el primer momento por los mandos policiales, que no tardaron ni un minuto en ofrecer a los ‘medios de comunicación’ pruebas y datos falsos que criminalizasen a los que se disponían a agredir y golpear. Si en algún momento puede verse en las imágenes grabadas una acción por parte del 22M, fue la natural reacción ante una agresión inesperada para las víctimas, pero descaradamente programada por sus autores: el gobierno y la policía.

Es muy posible que el gobierno, la clase política y la clase empresarial confíen en la eficacia de su falsedad, sobre todo porque esa criminalización del 22M fue acatada con servil fervor por las grandes empresas de comunicación y el conjunto del coro mediático. De hecho, llevamos tres días de bombardeo mediático en que la burda mentira reina y la verdad está en prisión.

Con todo, los que hemos promovido y participado en el 22 M, tenemos por delante la exigencia de continuar la movilización iniciada, hasta lograr el cambio social que propugnamos. Los trabajadores anarquistas en el 22 M condenamos la violencia, pues esa es la razón esencial de nuestra lucha tenaz por una sociedad sin clases y sin desigualdades, sin explotación ni opresión, y en favor del comunismo libertario. Porque condenamos la violencia condenamos al Estado, que garante de la injusticia social, reclama para sí, para esa odiosa injusticia, el “monopolio de la violencia”.

La Campana