La camiseta 288

Soy de un equipo campeón. Bueno, por lo menos mi equipo es campeón. En este país por lo visto casi todos los equipos deportivos lo son. Tengo suerte de estar en este país y en este equipo.

Caser despide

Mi empresa patrocina a ese equipo de baloncesto y así cuando gana el equipo ganamos todos. Bueno, resulta que mi empresa patrocina al equipo y además hace muchas otras cosas que ocasionan otros muchos gastos, pero ha decidido que para seguir patrocinando y seguir siendo un equipo campeón, sobramos 288 trabajadores. Va a ser entonces que van a seguir ganando ellos, pero yo salgo perdiendo. Eso sí que es un triple: patrocinan a un equipo de baloncesto y seguimos con los gastos descomunales, pero el que sobra soy yo.

Llevo sudando la camiseta desde el minuto uno, subo a atacar, defiendo anoto puntos e incluso paso la “mopa” cuando la pista está mojada, pero el que sobra soy yo. Somos un equipo campeón, lleno de directivos, entrenadores, sponsor y personajes que se lo llevan todos los meses, pero resulta que el que sobra es el jugador que gana poco y está desde siempre sudando a pie de pista. Es lo que tiene, llevamos la camiseta número 288 y por tanto estamos nominados para abandonar el equipo. Yo me quedaré en la calle y ellos seguirán con sus “triunfos” que cada vez son menos y más falsos, pero seguirá habiendo para que unos pocos se lo sigan llevando.

Esto sí que es para tener un buen “rebote”. Ellos siempre ganan, aunque nunca hayan sudado e incluso no sepan nada del juego. Y yo mientras al paro, con mi camiseta número 288 bien sudada. Esto sí es un buen mate.

“El 288″