Reflexiones sobre el XVII Congreso de la CGT

Editorial 3-2-2014 de la publicación anarcosindicalista "La Campana"

El XVII Congreso de la CGT, celebrado en Coruña el pasado mes de octubre, debe ser considerado como un lamentable episodio que nunca debió ocurrir y que jamás deberá repetirse… Y el semanario gallego La Campana, se dispone, por quinta vez, a remontar el vuelo.

La veterana publicación anarquista nació en febrero de 1980, en el tremendo desgarro que supuso el V Congreso de la CNT (diciembre 1979). Sus promotores teníamos el convencimiento de que sólo la reflexión compartida y la práctica libertaria, aplicadas a la propia organización, podrían levantarla y restañar la grave herida infringida por unos y otros.

No ocurrió así. Pero el fracaso de nuestro objetivo, por más que indiscutible, no desmereció en nada el esfuerzo y la energía desplegados, pues el milagro fue la propia persistencia de La Campana. Y, sobre todo, que gracias en gran medida a esta publicación, la lucha contra las injusticias del presente y contra nuestros verdaderos enemigos –la desigualdad y la opresión- no desmayase entre nosotros, sino que, por el contrario, se enriqueciese y ahondase. No cabe duda que, en esa lucha, hacer La Campana nos fortaleció y ayudó.

¿Por qué hoy, ahora, hemos decidido que la veterana carreta, rojinegra y campanera, se actualice y salga al aire, renovada? Sencillamente, como una respuesta, clara y firme (la única que cabe dar, a nuestro juicio), a los graves hechos ocurridos en el XVII Congreso de la CGT.

Tal como recoge el acuerdo del Pleno de Sindicatos de Galicia de la CGT (21 de diciembre) en el XVII Congreso un reducido grupo de militantes, varios de ellos con importantes cargos de responsabilidad orgánica, se han concertado en un “grupo paralelo” en la CGT, con el exclusivo objetivo de imponer y ejercer su control sobre la central sindical, lograr usurpar la voz de sus asambleas y provocar la utilización instrumental del Sindicato para sus intereses particulares. Aparentemente han logrado su objetivo, por más que ello les exigiese utilizar procedimientos que, además de contradecir las normas estatutarias y de principio de la propia CGT, resultan vejatorios para los anarcosindicalistas, y a todos nos repugnan.

La respuesta a estos hechos sólo puede ofrecerla la propia afiliación y militancia de la CGT, que no debe ni puede tolerar tales conductas en su seno, salvo suicidio. No es suficiente con que los sindicatos de Galicia, Burgos o algunos de Madrid hayan manifestado su rechazo, pero ellos nos señalan el único camino realista para evitar la sangría anarcosindicalista que se avecina, si es que llegaran a consolidarse en la CGT los usos y prácticas, anti-estatutarias y fraudulentas, evidenciadas en el Congreso.

A juicio de La Campana, resulta más necesario que nunca ejercer y hacer valer en la propia casa, aquellos principios, modos de acción y criterios de lucha con los que nos definimos en el encabezamiento de nuestros estatutos y confrontarlos con los de aquellos que pugnan por abolirlos y sustituirlos por otros autoritarios, de participación política y parcheo institucional.

Avisados por nuestro conciudadano Ricardo Mella hace más de 100 años, La Campana considera que la ley del voto por sí misma, la ley de la mayoría, no es cemento real que pueda sostener ninguna organización que aspire a transformar la sociedad y combatir los males del presente. Consideramos que el cemento de las organizaciones anarcosindicalistas es la ley de la razón, del debate, del encuentro entre compañeros, de la solidaridad, del apoyo mutuo, del federalismo y cualesquiera de los principios que, estatutaria y funcionalmente, afirmamos son los presupuestos fundacionales de nuestros sindicatos y que, si no se cumplen, quedan ellos vacíos de contenido y el anarcosindicalismo herido de muerte en este país.

En los próximos meses, La Campana irá plasmando nuestra anarquista intervención en todos los ámbitos, sea contra la explotación laboral y económica, la catástrofe ecológica, la barbarie militarista, la cotidiana hambruna de decenas de millones de personas, o contra la asfixia ideológica y ofuscación supersticiosa provocada por los medios de comunicación y la industria del espectáculo masivo. Pero será también, un portal, un aldabonazo, una campana en defensa del anarcosindicalismo, confrontada con las formas de actuar y resultados puestos de relieve en el XVII Congreso. De nuevo será La Campana un encuentro de muchos en la acción anarquista.

Y en este punto hacemos un llamamiento explícito para que se incorporen a La Campana aquellos compañeros que, viviendo en cualesquiera lugares y territorios, compartan con nosotros sus inquietudes, anhelos y luchas. Que compartan una organización sindical en la que todas las decisiones se adoptan en la asamblea del sindicato, sin jefes ni burocracias ni grupos paralelos; que se declara libertaria y no autoritaria; federalista y no centralista; internacionalista, sin otra patria que la de la clase trabajadora y cuyo fin último y primero no es otro que la transformación de la sociedad, para acabar con la injusticia social, la discriminación económica y la explotación en cualquiera de sus formas.

La Campana